Prachuap Khiri Khan, la playa de los tailandeses

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Por el paseo marítimo de Prachuap

Llegamos a Prachuap Khiri Khan desde Chumphon en tren. Salimos a las 8 de la mañana y tardamos alrededor de 3 horas (34 bahts por persona, 0,85 €). Puede que los asientos del tren fueran algo duros pero para ese precio nos parecieron fenomenales.

Nos alojamos en el guesthouse Yutichai por 250 bahts (6,4 €). Se encuentra muy cerca de la estación de tren, solo tienes que salir de la estación y seguir la calle de enfrente.

El pueblo se recorre muy bien a pie y tiene varias calles paralelas a la bonita bahía de Prachuap. Esta bahía tiene lugares con playa aunque poco apta para el baño, y un paseo marítimo muy agradable. En la parte sur de este paseo se pueden encontrar varios alojamientos, algo más caros que los que se pueden encontrar entre las calles del pueblo.

Cerca del paseo marítimo suelen poner un mercado nocturno y hay varios restaurantes que ofrecen pescado fresco, además de otras variedades a buen precio.

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Desde el templo Wat Thammikaram

En la parte norte de esta bahía, y sobre una empinada colina, se encuentra el templo Wat Thammikaram que ofrece unas vistas espectaculares. Por las mañanas se puede ver a algún monje dando de comer a esos monos.

Alquilamos unas bicis por 50 bahts (1,3 €) (tanto el pueblo como sus alrededores es todo llano no hay una sola cuesta) y nos dirigimos a la playa de Ao Manao. Para llegar a esta playa (unos 3 kilómetros desde el final de la bahía Prachuap) hay que pasar por una base de las fuerzas aéreas tailandesas, por lo que tuvimos que anotar nuestros nombres en un libro de entradas. Una vez dentro de la base, y antes de llegar a la playa, fuimos hasta el parque histórico donde está la base de la montaña Khao Lommuak. El inicio del camino que lleva hasta la cima de esta montaña está plagado de monos langures, unos simpáticos monitos que a diferencia de los macacos son muy buenos y tienen alrededor de los ojos una especie de antifaz blanco. Subir a la montaña de Khao Lommuak supone una hora de camino, pero nosotros no subimos porque esa mañana había llovido mucho y nos dijeron que era muy peligroso ya que hay zonas donde prácticamente tienes que escalar apoyándote en unas simples cuerdas. Así que cogimos las bicis y dimos una vuelta por el parque histórico, donde se pueden ver algunos aviones antiguos de la primera guerra mundial, y algunos memoriales que recuerdan aquella época. Allí está el hangar donde se guardan otros aviones que todavía utilizan para realizar ejercicios.

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Playa de Ao Manao

Llegamos a la playa de Ao Manao y nos encantó, sobre todo porque estaba llena de tailandeses, en vez de todas esas playas que hemos vistos hasta ahora llenas de viajeros y turistas. El agua no está muy cristalina, pero está como puede estar cualquier playa de  la costa del Mediterráneo. En la carretera paralela a la playa hay mercados que ofrecen platos muy económicos (30 bahts, 0,75 €), y la gente se los lleva a disfrutar en familia a unas mesas con tumbonas que hay cerca de la orilla. Aquí todo el mundo está metido en el agua vestido, no utilizan bañadores, se meten tal cual están. Aquí además se puede realizan actividades como tiro al arco, montar a caballo o ver una granja de animales.

Para los ciclo viajeros que viajen con tienda de campaña está bien que sepan que en esta zona hay una zona de acampada señalizada, enfrente de la playa, un bonito lugar.

Nos ha parecido un buen lugar para que los tailandeses pasen las vacaciones, y un buen lugar para pasar unos días tranquilos dando paseos, disfrutando de la playa, y con alojamiento y comida barata. Por otro lado no estaría bien que esto se llenara de extranjeros, porque rompería con todo su encanto, pero como este blog no lo lee mucha gente quedará entre nosotros, 🙂

Después de comer un poquito en la playa volvimos a la ciudad, visitamos un templo que no me acuerdo como se llama y nos dirigimos a la playa que está al norte, detrás de la montaña del templo Wat Thammikaram. La carretera (que tiene carril bici) discurre paralela a la larga playa, que aunque no te ofrece mucho es agradable pedalear con unas vistas tan bonitas. De allí seguimos pedaleando hasta el pueblo de pescadores (Fishermen Village) y disfrutando del espectáculo que es la descarga de pescado de unos de los barcos más grandes que había en el puerto, kilos y kilos de pescado que salía de sus bodegas y llenaban un camión listo para salir para Bangkok.

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De vuelta, y por la parte de atrás de la base de la montaña del templo Wat Thammikaran encontramos una plaga de monos (macacos) que invadían la acera que discurría junto a la playa. Sobre la arena había pozas de agua que cubría, y los monos se estaban bañando en esas pozas, en agua salada, incluso les vimos bucear, algo que no pensábamos que harían.

Desde que entramos en Tailandia hemos visto muchos mercados, pero aquí ha sido el primer lugar donde hemos visto insectos, larvas, ranas y cucarachas fritas.

Estamos en uno de los meses que más llueve por esta zona, y efectivamente por la mañana hemos tenido fuertes chaparrones, pero hacia las once se despeja y el resto del día te despreocupas.

Aquí en Prachuap nos encontramos de casualidad a dos parejas de ciclo viajeros que conocimos en Georgetown sacando el visado para Tailandia, (Laura, Aitor, Maria y Zigor), los cuales llevan unos cuantos años viajando en bicicleta por el mundo, unos artistas, si quieres puedes visitar sus páginas webs http://plntat.wordpress.com/ y http://polikipolikibizikletan.wordpress.com/.

En nuestro camino hacia el norte de Tailandia decidimos no parar en Bangkok, ya conocemos la ciudad y ya nos tocará pasar por allí en unos meses. Nuestro siguiente punto del mapa sería Lopburi.

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