Mandu, salpimentado con palacios, templos

Llegamos a Mandu desde Maheshwar. Para ellos cogimos un autobús que nos llevó primero hasta Damnoth (12 kilómetros) por 15 rupias por persona. Allí cogimos otro autobús hasta el cruce de Lunera (60 kilómetros) por 30 rupias por persona. Y finalmente en el cruce cogimos otro autobús que nos llevó hasta Mandu (15 kilómetros) por 15 rupias por persona. Salimos de Maheshwar sobre las 10 de la mañana y hacia las 13:30 horas ya estábamos en Mandu.

Mandu

Nos alojamos en el Rama Guesthouse por 300 rupias (3,80 €). Son habitaciones bastante básicas alrededor de un patio y pegado a un templo dedicado a Shiva. Por las tardes la gente local se acerca a este templo a realizar sus ofrendas, lo hacen de una manera muy alegre y resulta muy curioso. En este pueblo no hay mucho para elegir en el tema del alojamiento. Hay un resort a unos dos kilómetros del pueblo.

Mandu es un buen lugar para visitar sus fuertes, mezquitas y disfrutar de su tranquilidad. Entre los años 1401 y 1561 Mandu fue la capital del estado musulmán del norte de la India, luego la capital se abandonó y ahora apenas queda un pequeño pueblo donde pueden visitarse numerosas ruinas en una extensión de más de 10 kilómetros de largo y 15 kilómetros de ancho considerados Patrimonio de la Humanidad.

Mandu

A la hora que llegamos a Mandu hacía mucho calor así que comimos algo y dimos una vuelta por este pequeño pueblo que no tiene gran cosa. Localizamos un lugar para alquilar unas bicis al día siguiente, así que a partir de las 6 de la mañana podremos alquilarlas por 50 rupias cada una (0,65 €). Aprovechamos el día visitando los monumentos que se encuentran cerca de la parada de autobús, entrada 100 rupias por persona. Se trata del grupo Central con el Asargi Mahal o la Madrasa (colegio), el Jama Masjid, y el mausoleo o tumba de Hoshang Shah con su enorme cúpula (supuestamente el arquitecto de Shah Jahan llegó a Mandu para estudiar la arquitectura de esta tumba antes de construir el Taj Mahal).

Mandu

Grupo Enclave Real

Al día siguiente madrugamos un poco porque el calor enseguida coge fuerza. A las siete de la mañana ya teníamos alquiladas las bicis y estábamos entrando al grupo de monumentos del Enclave Real, a unos 2 kilómetros del pueblo. La entrada a este grupo cuesta también 100 rupias por persona (1,25 €). Nos aconsejaron llegar temprano para disfrutar de la bonita luz de la mañana, y fue cierto que resultó un momento muy agradable. Estábamos solos y nos gustó mucho este lugar. La majestuosidad de los edificios y los numerosos estanques (ahora muchos sin agua) te ofrecen una idea del increíble lugar que debió ser en sus mejores tiempos. Pudimos ver a lugareños que se acercaban aquí para coger agua potable de unos pozos, además de usar un bonito estanque para bañarse. Que lujo poder bañarte en un estanque donde antiguamente se bañaban sólo los reyes, esto sólo ocurre en la India.

Fuera de la entrada de este recinto hay varios restaurantes y tomamos varios refrescos porque cuando salimos, sobre las 10 de la mañana, hacía ya bastante calor.

Después fuimos al grupo de monumentos Rewa Kund, a unos 6 kilómetros del pueblo, la entrada 100 rupias. Lo mejor de este lugar es que desde aquí hay buenas vistas de una inmensa planicie llena de cultivos. Los pocos edificios que se ven no están mal, pero después de ver el Enclave Real apenas te impresiona. Así pues si hay que elegir entre un grupo u otro el primero sería el Enclave Real y luego el grupo central. Entre el pueblo y el grupo Rewa Kund paramos en varios monumentos dentro de lo que se llama grupo Sagar Talao, ya que está cerca del lago Sagar Talao, como el palacio de Elefantes (Hathi Mahal) o la tumba de Darya Khan, entre otros.

Disfrutamos mucho del paseo en bicicleta ya que pudimos apreciar cómo vive la gente local. Paramos alrededor de unas chozas de barro donde escuchamos música discotequera a tope. Allí encontramos a muchos niños bailando al ritmo de la música y disfrutamos del espectáculo junto a una viejecita que no paraba de reírse. No nos animamos a bailar junto a los niños, pero nos faltó poco.

Mandu

Apenas nos quedan unos 20 días para dar por terminado este viaje y nos lo vamos a tomar con tranquilidad. Y que mejor sitio para relajarse que Pushkar, en Rajastán. Este lugar ya lo conocemos y nos apetece volver, así que hacia allí vamos.

Para llegar a Puskar fuimos primero desde Mandu a Indore en autobús local (95 kilómetros, cambiando de autobús en Dhar) y tomamos un autobús nocturno en Indore hasta Chittorgarh. El autobús nocturno salió a las 20:30 horas por lo que pasamos todo el día en un moderno centro comercial que encontramos en Indore. Indore es una ciudad con mucho tráfico, mucho ruido, mucho calor, y este centro comercial fue para nosotros como un oasis donde entramos con una sonrisa tan grande como la de un niño cuando entra a un parque de atracciones. Además disponía de un cine donde emitían películas en 3 dimensiones. Así que nos animamos a ver una película, la segunda parte de 300, que era en hindi y no entendíamos nada pero estábamos como hipnotizados ya que hacía tiempo que no íbamos a un cine. En los cines de la India se hace un intermedio, la gente sale a despejarse y pasan ofreciéndote un menú para que consumas algo. Puedes comer hasta macarrones, así que pedimos unos macarrones pensando que esto es algo inimaginable en otros lugares del mundo. Enseguida pensamos que este cine nuevo, recién inaugurado, con sillones limpios y con un sistema de reclinarse que funcionaba perfectamente perdería todo este esplendor por las manchas de tomate o de helado. Puede que pronto prohíban comer este tipo de comidas dentro del cine. Hace unos años te sorprendía poder fumar dentro del tren o del autobús, y ahora está prohibido fumar en cualquier estación o lugar público. Las cosas van cambiando, aunque poco a poco. Todavía les queda entender que la papelera del tren no es la ventana, desde la cual tiran cualquier envase o cualquier cosa, y además no entienden que tú no lo entiendas. Esperemos que esta costumbre vaya desapareciendo poco a poco, al igual que desapareció la costumbre de fumar dentro del tren.

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